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Acelerar para llegar tarde

Acelerar para llegar tarde

“Si acelero, llego antes” es lo que nos han dicho en algunas ocasiones. Los bogotanos infieren que si van despacio llegan tarde, y que las vías son para ir rápido y las ciudades para ser eficientes. Nosotros no estamos totalmente de acuerdo, y queremos responder a estas afirmaciones con teoría, práctica y retando lo intuitivo. Este es uno de esos ejercicios.

Buscando mejores velocidades para Bogotá, nos hicimos la pregunta acerca de la aceleración. Si recuerdan sus clases de física del colegio, la aceleración es la derivada de la velocidad, es decir que mide el cambio en la velocidad con respecto al tiempo, así:

EcuacionAceleracionT

(No nos responsabilizamos por los traumas escolares que esto pueda revivir)

Pero ¿qué tienen que ver las clases de física con la seguridad vial?

Hemos visto que, debido a la congestión, muchas veces los conductores de vehículos motorizados deciden acelerar a fondo cuanto encuentran un espacio disponible, para volver frenar en seco unos metros después. Esto afecta la percepción de la velocidad, pues les hace creer que van a lograr llegar más rápido cuando en realidad su velocidad promedio no cambia mucho. Según esta idea, e inspirados por Tribilín y Disney (y su famoso video de “MotorMania”), decidimos hacer un ejercicio teórico. Queríamos averiguar cuánto tiempo en realidad se ahorraría una persona que acelera y desacelera constantemente a velocidades muy altas, comparada con una persona que acelera y desacelera, pero sin superar los 30 km/h. Los estilos de manejo serían algo así:

Teorica_resize

Hay tres casos que tuvimos en cuenta:

  • El primero es el de una persona más bien tranquila, que va a una velocidad constante de 20 Km/h (que es la velocidad promedio en Bogotá – este caso está representado con la línea verde de la gráfica de arriba). Llamemos a esta persona “Pepito el tranquilo”,
  • El segundo es alguien que es tranquila pero de pronto va tarde para ir a la oficina: ésta acelera y desacelera desde esta velocidad, pero sin superar nunca los 30 Km/h (este caso está representado con la línea azul). Esta persona la bautizaremos “Juan Promedio”.
  • Finalmente, el tercero es quien tal vez tomó una taza más de café en el desayuno o no le sonó el despertador: acelera y desacelera desde los 20 Km/h, llegando incluso a velocidades de 80 Km/h (es la línea gris de la gráfica). Este se llamará “Pitufo Gruñón”.

Para ser justos, hicimos que la distancia recorrida para todos fuera 5,7 Km, que es la distancia de un viaje promedio en Bogotá.

Según esto, aunque su acelere le hace pensar que va a llegar más rápido, Pitufo Gruñón solamente se ahorraría 2,51 minutos en comparación con Juan Promedio. Es decir, se ahorró suficiente tiempo como para volver a entrar a Facebook a ver quién puso una foto de su fiesta de ayer (o cuál gatito hizo qué ternura), pero no mucho más. En su intento de acelere, Pitufo Gruñón realmente no mejoró su calidad de vida ni cambió sustancialmente su llegada a la oficina.

Pepito el tranquilo se demora 7,8 minutos más que Pitufo Gruñón. Aunque suena a una gran diferencia realmente tampoco es mucho tiempo, seguramente que Gruñón se demoró más tomándose su segunda taza de café.

Y, ¿en la práctica?

Una cosa es la física de colegio, y otra la realidad de los conductores de Bogotá. Así que decidimos llevar el ejercicio a la práctica, midiendo nuestros propios viajes en diferentes modos de transporte con un dispositivo de GPS. Así, no teníamos que decir que Gruñón o Promedio o Pepe tenían la culpa, sino que evaluamos cómo pasaban las cosas en las condiciones normales para conductor de bus (SITP – ruta 291), un conductor de taxi y un ciclista. Además, para ponerle algo de picante al asunto, pedimos a una persona de nuestra oficina (que pidió confidencialidad en su identidad) que hiciera gala de sus destrezas competitivas ciclistas en el entorno urbano. Los resultados se ven a continuación:

MapaRecorridos

Aquí los recorridos de nuestros sujetos experimentales

El conductor de SITP

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El conductor de SITP que nos llevó durante 8,4 Km se demoró casi una hora (54:36 min) y tuvo una velocidad promedio de 10,13 Km/h. No obstante, tuvo aceleraciones repentinas de al pasar de 20 Km/h a 61 Km/h en 250 metros, que fácilmente pudieron desprender la retina de algún pasajero lector.

El señor conductor de Taxi

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Uno quiere ayudar a los taxistas, y a veces suelen ser buenas personas. A veces son muy pero muy acelerados. Este que nos condujo por 3,95 Km, se demoró menos de veinte minutos (17:49) y tuvo una velocidad promedio de 12,98 Km/h. Este también tuvo aceleraciones repentinas al pasar de 0 a 58 Km/h en 300 metros. Sin embargo, a pesar de las aceleraciones y de superar en una ocasión el límite de 60 Km/h, la velocidad promedio fue baja.

El héroe urbano ciclista

Nuestro tercer ejercicio fue con un ciclista moderado, que recorrió 10.7 Km y se demoró 40:32 minutos. Tuvo una velocidad promedio que 15,05 Km/h.

Ciclista_resize

Y para culminar el ejercicio, evaluamos al ciclista competitivo, quien realizó un recorrido de 8,87 Km, en el que se demoró menos de media hora (28:34 min) y tuvo una velocidad promedio de 20.05 Km/h. Este ciclista también tuvo momentos de aceleración: pasando de 0 a 34 Km/h en 320 metros.

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Para resumir: veamos los datos:

  • Las velocidades promedio (que al final son lo que más importa para un viaje) fueron mayores para los ciclistas (la mayor fue para nuestro ciclista competitivo). El que menor velocidad promedio tuvo fue el señor conductor del SITP.
  • La aceleración estuvo presente en todos los usuarios, algunos con más ímpetu que otros, pero al final de cuentas los ciclistas fueron los que llegaron antes sin acelerar tanto. Lo que quiere decir que los señores conductores del taxi y del bus fueron más arriesgado al conducir, pero iban más lento.

 

¿Esto de qué nos sirve? Para comenzar una discusión más interesante sobre las velocidades, la aceleración y los límites de velocidad: nos dimos cuenta que no es la aceleración lo que importa sino la velocidad promedio, y que el estilo de conducción más agresivo no hace que la gente llegue más rápido. Paradójicamente, cuando vamos más despacio llegamos antes. Y por eso vale la pena pensar en velocidades apropiadas para cada contexto y no necesariamente ir más rápido o más despacio.

Este y otros temas se discutieron en el evento ‘Rápido pero Tarde’, que se llevó a cabo el 9 de mayo de 2017 en la Sede Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá. Toda la información sobre este evento está aquí

Lina Quiñones, Carlosfelipe Pardo.