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Cómo vivir despacio y sobrevivir en el intento: algunas aclaraciones

By 12 febrero, 2012 No Comments

(Publicado originalmente aquí)

Sugiero el siguiente ejercicio a los lectores: imagínense un mundo sin internet, algún cloud (DropBox, iCloud, cualquiera), celulares, ni carros. Imagínense su día sin esos elementos y si se sentirían mejor o no. Imagínense qué cosas podrían hacer, cuáles no, cuáles serían más fáciles de hacer y cuáles más difíciles o largas.

Sigan pensando… de hecho podrían pararse del computador, sentarse en algún sitio y pensar sobre esto unos 5 minutos, y volver para leer lo demás.

Ya? Gracias. Ahora viene la parte más interesante: imagínense un mundo sin luz eléctrica, sin acueducto, sin penicilina y sin libros. De hecho, también quítenle las gafas y el papel higiénico. Vuelvan a hacer lo mismo que en el ejercicio anterior: “Imagínense su día sin esos elementos y si se sentirían mejor o no. Imagínense qué cosas podrían hacer, cuáles no, cuáles serían más fáciles de hacer y cuáles más difíciles o largas. Sigan pensando… de hecho podrían pararse del computador, sentarse en algún sitio y pensar sobre esto unos 5 minutos, y volver para leer lo demás.”

Ya? Gracias. Ahora sí tenemos un contexto adecuado para que puedan leer lo demás que viene y mi visión (o más bien, la de la Fundación Despacio (www.despacio.org) sobre el término “Slow” o “Despacio” o “Slow Living” o similares. Lo primero que hay que tener en cuenta es que, en el primero de los ejercicios anteriores, se está planteando una situación que muchos han dicho debería ser la ideal: un mundo sin tanto internet ni celulares ni carros. Es una propuesta válida, pero no se nota que es algo particularmente nostálgico hasta que usamos el segundo ejemplo, donde estamos siguiendo el mismo patrón (quitar elementos tecnológicos) pero que existen desde hace más tiempo. Y viene la pregunta clave: ¿por qué los primeros elementos (de carros a internet) sí se pueden percibir como algo malo, mientras que los

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segundos (de la luz eléctrica a los libros) no? ¿Qué características, distintas del momento histórico en que fueron creadas estos elementos, diferencian a los dos grupos?

Y con base en esto sí hablo de la filosofía Slow: en muchas otras partes se ha descrito de dónde viene la idea (de Italia), por qué surgió (por un McDonalds mal ubicado) y qué busca (que vayamos más lento, podría decirse). Las propuestas típicas de la vida Slow (que están plasmadas en su Manifesto) son que se debe reducir la velocidad con que se están haciendo las cosas, prestar mayor atención a lo que se hace, buscar ser más sostenibles en lo que se come, lo que se compra, cómo se trabaja y, en general, cómo se vive la vida. El símbolo del movimiento Slow es un caracol y ya existen varios conceptos que se desprenden de él y van desde el Slow Food (donde se originó la idea) hasta el Slow Money (que ya es un poco desconectado del cuento real). Para quienes quieran ver toooda la lista y explicación, les invito a que visiten la página www.despacio.org y su sección de recursos y vínculos.

Claramente, han comenzado a generarse ( o ya existían) versiones extremas de la vida Slow o propuestas casi talibánicas: alimentarse del aire (breathairians), vivir con tecnologías del siglo XVII (Amish), y cualquier otra versión de “lo Slow” que en otro lenguaje se podría describir como los hippies/chocolocos/nuevaera/mamertos de la filosofía Slow – o así los llamaría yo. A mi modo de ver, esto es malinterpretar una idea con mucho potencial para volverla dogmática y casi inútil, o por lo menos algo que no se puede aplicar al 90% de la población humana porque simplemente no van a prestarles atención. Eso no es lo que proponemos en nuestra Fundación, en parte porque no creemos en los extremos ni en los dogmas, y en otra parte porque necesitamos convencer a mucha gente de que lo que proponemos sí les sirve, y que no van a tener que quemar sus celulares para hacer parte de este movimiento (de hecho, los apuntes para escribir esto los hice en mi iPhone).

¿Qué proponemos, o cuál versión de lo Slow queremos promover? Así como Einstein dijo que la Teoría de la Relatividad debería llamarse la Teoría de la Invarianza, nosotros proponemos que a esta filosofía se le llame la de una “vida de velocidad apropiada” y no la “vida Slow”, para evitar malentendidos y para poder presentar, de entrada, la forma como nos aproximamos al problema. No se trata de ir despacio por ir despacio, sino de encontrar el “tempo giusto” para cada actividad en la vida.

Por eso, tenemos mucho cuidado al definir qué debería presentarse como parte de la vida Slow: hay que preguntarse qué era rápido hace 100 años (la bicicleta, por ejemplo!) Y qué es rápido hoy en día (la bicicleta??). Esta pregunta nos ayuda a entender, junto con los ejemplos del principio, cómo evitar la nostalgia y promover una vida de velocidad apropiada como parte de la filosofía slow. Además, habrá más personas que estén de acuerdo con esta aproximación, y se pueden generar propuestas más productivas y útiles para la vida diaria. Nadie se tiene que ir a vivir a un campamento Hare Krishna (o por lo menos no lo tienen que hacer obligados) y nadie tiene que renunciar a su trabajo. Mejor, no?

Algunas reglas que deberían promoverse en la filosofía slow son:

– Evaluar y elegir una velocidad apropiada para actividades y la forma como se usan las herramientas del día a día;

– Simplificar la vida

– No ser nostálgico pero sí crítico del presente;

– No hacer daño a los demás (ni a sí mismo) con la forma como se vive;

– Prestar atención a lo que se está haciendo y darle el tiempo suficiente a cada actividad de la vida;

– Aprender a usar las herramientas tecnológicas y moderar su uso;

– Saber elegir qué usar y cuándo usarlo (y reflexionar sobre esas elecciones)

Sí, ya empieza esto a sonar como a libro de auto-ayuda, y por eso no me extenderé en este punto. En cualquier caso, de qué (y dónde) nos puede servir este punto de vista:

– Planificación de ciudades: por ejemplo, puede haber sectores enteros de una ciudad sin automóviles, pero no se puede tener la ciudad completa sin vehículos motorizados o vías “rápidas” (o por lo menos no cuando tiene un tamaño mayor a 50mil habitantes);

– La vida diaria: podemos desayunar sin el celular en frente (ni el periódico) sino mirando a los demás y hablándoles, podemos tomarnos 24 minutos de siesta después del almuerzo (si tenemos dónde y cómo, ojalá encima de césped o un sofá grandote) y podríamos encontrar actividades interesantes que no son necesariamente parte de nuestra rutina diaria (¿pintar?¿ Cantar?¿ Bailar?)

– El trabajo: podemos dedicar dos horas al día a pensar sobre proyectos nuevos, o trabajar otras dos horas totalmente desconectados de internet (literalmente, físicamente desconectar el cable de internet del computador). Podemos también trabajar durante 45 minutos seguidos y tomarnos un descanso breve para después continuar;

– Ocio: podemos tomarnos un tiempo de la semana para hacer algo totalmente distinto, solos o en compañía de alguien, y prestarle toda la atención posible.

Esto sirve. Todo está demostrado, y además genera mayor productividad, más satisfacción, la gente se vuelve más amable y sonríe más, e insisto que no tienen que vivir en chozas y con taparrabos (a menos que sientan que lo deben hacer y se sientan felices haciéndolo).

Además, más que una manera nueva de decir algo viejo, la propuesta de una ciudad/vida/trabajo Slow abarca las otras formas de planificar y vivir en estos contextos: lo productivo como una idea de hace unas décadas, seguida por lo sostenible hace algunos años, pero ahora estas dos están envueltas dentro de la propuesta Slow a la que me refiero aquí. No anula ni contradice los modelos de productividad o sostenibilidad, sino que los complementa (¡y los corrige!)

Hay que pensar en símbolos: ya dijimos que el caracol es el símbolo de lo Slow…. El único problema es que es muy baboso y…. bueno, es muy baboso. Hay que encontrar otros símbolos: tortugas! Bicicletas! Lápices! Pero también hay nuevos aparatos que nos hacen pensar que la tecnología no es nuestro enemigo: slow cookers, algunos apps del Firefox, un Smartphone que no revise continuamente el correo… ¿cuál es su símbolo de vida Slow no-babosa?

Y por último, hay que pensar: ¿los tablet serían parte de la vida slow?¿ Los celulares? ¿Los Clouds? Y volver a pensar en la lista del principio.